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Los tratos tiene fecha de vencimiento – acotó la bella Nokir – así que continuarás siendo humano de ahora en adelante.

Él le agradeció con una reverencia.

Sadret volvió con las botas y un traje de guerrero diseñado por las arañas y las hadas.

Él volvió a dar las gracias. Se vistió y se sentó para que Sadret le pusiera las botas.

¡Ustedes son los seres más maravillosos que el gran espíritu y la naturaleza nos han regalado! – Exclamó conmovido y feliz.

Les facilitaré un transporte para que regresen sanos y salvos a su país – dijo Nokir extendiendo su mano derecha. Ellos besaron su mano tres veces cada uno y dieron las gracias otras tres veces, luego se marcharon por donde les indicó Sadret.

Al caminar unos pocos metros, el hada señaló una libélula gigante que aleteaba incesantemente.

Suban a ella – les dijo.

Ellos lo hicieron y la libélula levantó vuelo por encima de los bosques Angior, perdiéndose más allá de la aurora boreal.

 

 

LA   MENTIRA

 

Al atardecer, Yont-ain llegó sano y salvo a Zifre. Después de un recibimiento caluroso por parte de su padre, cenaron y el príncipe descansó toda la noche.

Al día siguiente, su padre lo puso al tanto de todo. Kalups sabía que su hijo no estaría de acuerdo con la invasión, ni mucho menos con tener prisioneros a los monarcas, por eso le mintió, asegurándole que estaban en el extranjero y que él era bienvenido en el palacio Orzion.

Pero… ¿por qué trajiste todo ese ejército? – Preguntó Yont-ain.

Estamos haciendo un simulacro, aquí en Trimeka – dijo Kalups muy seguro de sí – ¿acaso tus padres no te lo contaron?

Los dos caminaban en las afueras del palacio, cerca de un enorme lago donde chapoteaban unos caracoles gigantes de color marfil.

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