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Es un honor que no necesito, ni quiero merecer – aseveró el ingeniero – construiré para usted su palacio con la ayuda de los Imai (habitantes del continente blanco) y volveré a mi ciudad con mi familia.

Como quieras, amigo – dijo Kalups dándole una palmadita en el hombro – verás que la historia me dará la razón. ¡Ah! y no olvides que también deben hacerme una estatua, digo, tres. Una para mi esposa y otra para mi hijo.

Gunbu lo miró con pesar. En el fondo él sabía que quienes pensaban como Kalups y habían actuado como él en épocas anteriores habían fracasado.

Aquella misma tarde, Kalups volvió a Trimeka con un grupo de soldados, utilizando las aves kodiklax como transporte.

 

 

EL HADA MADRE

 

Roraini, Sumisaini y Silenmao, siguieron su camino sin tener tras ellos a los soldados Falgorat. Más adentro, en el bosque, era territorio exclusivo de Nokir, el Hada Madre, quien guardaría el talismán y lo protegería mientras los vientos de guerra se disiparan. Allí, ninguna fuerza negativa podía entrar y si lo hacía sería destruida inmediatamente.

¡Este lugar es maravilloso! – Exclamó Sumisaini – se siente una paz increíble.

La luz y las tinieblas no se llevan bien – dijo Silenmao – es una ley universal.

Se encontraban a muchos kilómetros de distancia de Trimeka, Zajliyan y otras naciones aledañas. El lugar era ampliamente conocido por los habitantes de Kotit-zirni, el país “más al norte del norte” como solían llamarlo. Lo que la mayoría de habitantes del continente no sabía, era que el jardín existía de verdad. Pensaban que solo eran leyendas; aunque tampoco tenían por qué saberlo, pues no era necesario. El camino por donde cruzaban era una inmensa llanura y caía nieve de un extraño color azuloso, quizás porque el Hada Madre así lo deseaba. Al fondo, un horizonte con la más espléndida aurora boreal, hizo pensar a Sumisaini que ya se acercaban al jardín de Nokir.

¿Hace cuánto no venías a este lugar? – preguntó el chico.

En la última peregrinación del arco iris – respondió Roraini.

¿Qué es eso, abuelo? – volvió a interrogar.

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