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Durante su estadía en la torre, Artalí había realizado varios dibujos entre los cuales se encontraban faisanes ecroik los cuales eran de color azul aguamarina y medían dos metros de alto; serpientes, mariposas, atardeceres, caracoles, amaneceres, atardeceres con Xalur de fondo, etc. Los coleccionaba para cuando volviera a su país y participar en la exposición anual de arte.

 

 

LA  TIRANIA

Pasaron cuatro meses desde que Kalups se adueñó del trono de su hermano. Su ejército avanzaba presuroso hasta los confines del continente sometiendo a los pueblos bajo su yugo de impiedad. El lema era “someterse o morir” y bajo esas circunstancias nadie se atrevía a contradecirlo, pues los que tenían la osadía de revelarse eran decapitados y puestas sus cabezas en las ciudades como escarmiento. Los habitantes del continente sabían que cuando la tiranía volvía era difícil enfrentarla, sobre todo cuando los había tomado por sorpresa. Nadie se había imaginado que los Falgorat serían los gestores de una nueva contienda. Las cosas se complicaban pues el ejército de Kalups era muy numeroso y bien entrenado.

Las ciudades y provincias fueron sometidas y saqueadas fácilmente. Los pobladores preferían arrodillarse ante los invasores antes que morir bajo sus filosas espadas. Los Falgorat hicieron que el miedo se apoderara de todo el mundo. En cada país la gente debía trabajar para ellos. El objetivo de Kalups era construir un palacio tan majestuoso y suntuoso que no igualaría a ninguno hasta ahora conocido, por eso obligó a toda la gente a extraer cantidades exorbitantes de piedras preciosas para su palacio. En pocos meses había desangrado montañas de diamantes, esmeraldas, rubíes, zafiros, mármol, plata y oro del continente. Cada día se transportaban a Zajliyan toneladas de láminas y rocas las cuales eran transportadas en las máquinas voladoras de los Imai.

El mundo estaba inmerso en la impunidad y la tiranía propiciada por los Falgorat, quienes cada vez se hacían más fuertes. Nadie se atrevía a sublevarse; incluso pequeños grupos subversivos que pretendieron hacer frente a los Falgorat fueron descubiertos y muertos sin compasión.

Mientras tanto, Kalups había vuelto a Zajliyan para supervisar la construcción de su palacio.

¡Desde aquí el mundo se verá mejor! – Exclamó, el ahora amo de medio mundo.

En verdad será más alto que el Herpatiz – agregó mientras le echaba otra ojeada a la maqueta que descansaba en una mesa rectangular de cristal dorado. Era un holograma

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