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además de persuasivos, al encomendarle la misión al abuelo Roraini quien, a pesar de ser el rey padre y tener ochenta años había aceptado sin titubeos. Por nada del mundo, el talismán podía caer en manos equivocadas. Si tuvieran que dar la vida para defenderlo lo harían, pero ante todo “luchar hasta el final”.

 

LA REUNION

 

Tres días después, en el palacio Orzion, se encontraban reunidos los más altos dignatarios de los países que Kalups todavía no había podido invadir, o sea los del continente del oeste, los cuales resistían con mucha valentía y tenacidad. Los monarcas habían ido a Zifre por su cuenta y riesgo. Se denominaban “Representantes de la confederación para la paz en Nebruska” e iban en busca de una conciliación, para que el invasor desistiera de tomarse el poder por la fuerza y dejara libres a los monarcas de Trimeka.

El autoproclamado emperador, avisado con anticipación de las visitas, quiso mostrarse lo más diplomático posible y les dio la bienvenida como corresponde a un jefe de estado, fingiendo ser el mejor anfitrión.

Había allí treinta monarcas entre mujeres y hombres, todos ellos sin sus esposas o esposos por si a Kalups se le ocurría dejarlos prisioneros en Trimeka. Se reunieron en el salón de la pirámide, un inmenso recinto adaptado especialmente para aquel tipo de eventos.

En el centro del salón, una gran pirámide de cristal era la encargada de iluminar a los presentes con su potente y brillante luz. Se encontraban sentados cada uno en cojines de terciopelo puestos en el piso, el cual estaba hecho de mármol azul, diamantes y zafiros. A suficiente distancia de la pirámide y en posición de loto, recitaban un mantra “kra nit ki ja min na matr” (¡Oh! Poderosa luz guíanos)

Todos permanecían con los ojos cerrados, menos Kalups quien se sentía incómodo y poco devoto con aquellas ceremonias. Nunca le había gustado pronunciar palabras que no entendía o que no quería entender, porque como sucede con los tiranos no son sabios en su proceder.

En Nebruska, las reuniones de estado siempre se realizaban con este tipo de actos, los cuales tenían como objetivo estimular las vibraciones energéticas de las personas para que pudieran tomar las mejores decisiones y hacer de cada pueblo un reino de paz, pero Kalups, aunque tenía conocimiento de aquellas tradiciones y las respetaba, ahora parecía haberlas olvidado ya que en su retorcida mente, solo cabía la idea de su plan expansionista y belicoso; por eso soportó lo más que pudo aquel circo como él

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