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Pg. 279

Días después, ante la insistencia de Ilonti acerca del sueño y de los hombres de blanco, los monarcas llevaron al palacio al mejor intérprete de sueños del reino, el mago Motbolf, quien después de escuchar a Ilonti hizo las interpretaciones concernientes.

Los caballeros vestidos de blanco son los Kritnel que conducen su espíritu de este mundo al otro. El número seis significa su evolución espiritual. En la escala del uno al diez el seis es un buen número para alguien tan joven, aunque en los mundos espirituales la juventud, la vejez y la niñez no son relevantes.

¿Y qué significa que Anfoglei y Scioranfes hayan matado a Ehon, que lo hayan clavado en el árbol? – interrogó aprensiva.

Es el resentimiento que guardas en tu corazón, princesa. Es el deseo que tienes de que el general pague por lo que hizo – declaró Motbolf.

Pero ¿Por qué no puedo quitarme ese sueño de mi mente? ¿Por qué continúa martillándome el cerebro? – preguntó, llevándose las manos a la cabeza como si sintiera dolor.

Porque no puedes olvidarlo – dijo el intérprete – o te niegas a hacerlo. Te niegas a dejarlo ir, aunque en el fondo sabes que no volverá.

Ilonti se levantó de la silla donde había permanecido escuchando atenta a Motbolf.

¿Cómo quieren que lo olvide? Si lo hago morirá. Nadie volverá a mencionar su nombre.

Solo existe en tu recuerdo – afirmó Antara abrazándola.

Existe en mis ojos, en los poros de mi piel, en mi respiración, en cada flor que vive y muere, en cada amanecer y atardecer, en cada pedazo de amor que no le di porque Ehon y Xalur me lo arrebataron.

Es tu primer amor  – susurró Verduk – lo olvidarás.

No hay nada ni nadie que me lo pueda arrebatar, ni siquiera los Xalur con todo su poder – afirmó con voz quebrada al tiempo que rompió a llorar desconsolada. Antara la abrazó mientras Verduk acompañaba a Motbolf a la puerta.

Días después, la princesa y sus padres se encontraban en Zajliyan como invitados de honor a la semana del arte, la cual se realizaba cada año en la villa Fainzi. La ciudad de Fainzi resplandecía de luz y color con sus construcciones en forma de magha (pagodas) y pirámides, las calles de mármol blanco y azul estaban tan limpias que si alguien anduviera descalzo no se le ensuciarían los pies.

Los monarcas se quedarían los cinco días que duraría el evento. El primer día asistieron a la exposición de pintura de los artistas nacionales y extranjeros que presentaban sus mejores obras, siendo admiradas y por supuesto compradas por quienes gustaban de ellas.

Al detenerse frente a uno de los cuadros, Ilonti y sus padres no pudieron ocultar su admiración al ver un dibujo.

¿Les gusta? – preguntó alguien detrás de ellos. La princesa volvió su mirada y se encontró con la de Artalí.

¡Majestades!  ¡Princesa! – saludó la falgorat haciendo una inclinación. Iba ataviada con un hermoso vestido y un peinado que la hacía ver como de la realeza.

¡Hola Artalí! – Exclamó Ilonti emocionada al ver de nuevo a su amiga.

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