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Pg. 278

curaban a todos de muchas enfermedades, no pudieran bajar la fiebre que consumía a la princesa estremeciéndola en sus incongruentes delirios? – Se preguntaba Verduk – ¿acaso era posible que el amor que Ilonti sentía por el príncipe era tan fuerte que le produciría la muerte?

El monarca se paseaba por la habitación tratando de alejar de su mente los pensamientos negativos, sin hallar respuestas a sus preguntas. Quizás no había nada bajo el cielo, ni más allá de él, que pudiera curar un corazón enfermo de amor; quizás el príncipe estaba muerto y quería llevarse a Ilonti a un lugar lejano donde podrían consumar su amor tan inocente, tan claro y transparente como los ríos y mares de Nebruska.

Después de un largo rato de cavilaciones volvió junto al lecho. Ilonti balbuceaba el nombre de Yont-ain al tiempo que abrió sus ojos mirando con extrañeza a su padre.

¿Cómo estás hija? ¿Cómo te sientes? – Preguntó Verduk aliviado – ella lo miró largamente sin responder.

¿Te sientes mejor? – Volvió a decir el monarca tocándole la frente.

Ilonti trató de incorporarse pero no pudo.

Quédate tranquila. Debes descansar. La fiebre te ha dejado muy débil – sugirió el monarca.

¡Padre, ellos se lo llevaron! – Susurró la princesa apretando la mano de su progenitor – debemos ir a buscarlo. Lo secuestraron.

¿De qué hablas? – Preguntó preocupado Verduk – ¿a quién se llevaron?

Fueron ellos – murmuró Ilonti – los hombres de blanco se llevaron a Yont-ain.

Fue un sueño, mi niña. Estabas delirando – le dijo cariñosamente.

No, padre. Fue tan real. Había algo en ese sueño – añadió.

Todos los sueños son iguales. Son solo sueños. Proyecciones de la mente – declaró el monarca.

Ella se quedó pensativa un momento, luego se incorporó abrazando a su padre – mi mente no olvida a Yont-ain. Él me está dando pistas de dónde lo puedo encontrar.

¿Y quiénes eran los hombres de blanco? – Preguntó Verduk tratando de llevarle la corriente.

No lo sé – musitó compungida –  se escondían detrás de sus máscaras. Eran tan inexpresivos y… marmóreos. Nunca los había visto.

A veces los sueños nos quieren decir algo, pero lo malinterpretamos – afirmó el monarca.

Padre, alguien se llevó a Yont-ain y necesito encontrarlo – enfatizó, volviendo a recostarse pues se sentía agotada.

Necesitas descansar – musitó su padre – la fiebre ya cedió.

Ilonti cerró los ojos – quiero dormir. Quiero soñar con Yont-ain. Quiero ir con él a donde vaya.

El monarca al ver que su hija se tranquilizó, la besó en la frente y salió de la habitación para avisarle a su esposa que estaba mejor.

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