Leído 44 veces

Pg. 276

despacio para ver quiénes eran pero quedó sorprendida al ver al hijo del sol acercarse llevando en sus brazos a alguien que parecía muerto.

Detrás de Scioranfes, Anfoglei silenciosa y pálida llevaba al general Ehon quien atado con gruesas cadenas casi no podía caminar.

Los guerreros se acercaron a la princesa con sus rostros sombríos y tristes. Al estar junto a ella, Scioranfes le dirigió la más triste de las miradas. Antes de que Ilonti pudiera reaccionar, Ehon se adelantó arrastrando pesadamente los grilletes que parecían más grandes de lo normal y hacían un ruido ensordecedor. El general cayó de rodillas. Su rostro inundado de lágrimas había envejecido.

¡Perdóneme princesa! – Dijo tristemente – lo he matado. Le quité la vida y estoy arrepentido…

La princesa quiso decir algo pero el general continuaba hablando angustiada y rápidamente.

Merezco el peor de los castigos. Merezco morir, pero le prometo que si me mata, mi alma irá en busca de la suya y lo traeré de vuelta…

Ilonti no terminaba de comprender por qué tanta bruma, tanta oscuridad, tantas espinas que le herían el cuerpo y el alma.

Por fin preguntó vagamente.

¿De quién está hablando general? ¿A quién ha matado?

La princesa parecía no percatarse de la presencia de Scioranfes o simplemente quería ignorarlo y se negaba a mirar el rostro del joven sin vida que sostenían los fuertes brazos del guerrero.

Al darse cuenta de la contrariedad de Ilonti, Anfoglei la abrazó.

¡Debes aceptarlo, mi pequeña!

Está muerto. Su espíritu se ha ido. Ha volado tan lejos, hasta los confines de las dimensiones de luz – musitó.

Ilonti apartó bruscamente a Anfoglei. Todo su cuerpo temblaba. Su rostro más pálido que los montes Herpatiz parecía deshacerse entre la bruma. Su mirada se posó inundada de lágrimas en los ojos claros del guerrero. Se acercó tanto a él, que Scioranfes podía oír los pálpitos de su corazón angustiados y violentos. Su agitada respiración retumbaba en los ecos del pasmoso silencio. Unos pájaros negros surgieron de la bruma revoloteando alrededor de ellos, luego se posaron en un árbol que el viento había dejado sin hojas.

Ilonti se enjugó las lágrimas. Contuvo la respiración y lentamente apartó su mirada de la de Scioranfes dirigiéndola al rostro inerme de Yont-ain. Pasaron treinta segundos y la princesa no reaccionaba, ni Anfoglei, ni Scioranfes, ni siquiera Ehon que permanecía con su mirada perdida en algún lugar de la espesa bruma. Ninguno de ellos se atrevió a interrumpir aquel momento en que el tiempo se detuvo para la princesa.

El rugido de un trueno retumbó en la estancia y en ese mismo instante se acercaron varios jinetes.

Ilonti no los reconoció pues vestían de blanco y sus armaduras no se parecían a nada que ella hubiera visto antes. Los seis personajes bajaron al mismo tiempo de sus caballos blancos e hicieron una reverencia. Llevaban sus rostros ocultos por máscaras

Facebook Comments

+ -
×