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Pg. 27

La princesa retrocedió asustada.  En Nebruska no se les teme a las serpientes, de hecho son símbolos de poder, pero el monstruo que atacaba a la princesa parecía ser más un ente maligno que una amigable criatura.

Ilonti sabía exactamente donde se encontraba. Sabía que las fuerzas oscuras influyen en la mente para confundir a los espíritus que interfieren en sus territorios. Trató de evadir la idea que aquello era una serpiente, pero no lo logró. Tanto esfuerzo mental hizo que se sintiera muy débil. Ya había pasado mucho tiempo allí y debía regresar para que su cuerpo no se debilitara.

Anfoglei no despertaba y la serpiente seguía amenazando con engullir a Ilonti si se acercaba demasiado. Trató de alejarse lo más que pudo para poder regresar tranquilamente a su cuerpo, con la esperanza de volver y cumplir su cometido de una vez por todas.

 

LOS INTRUSOS

 

Aquella noche la reina Antara no podía dormir tranquila y los pocos momentos que lo hacía, soñaba que una enorme serpiente devoraba a su hija sin que ella pudiera hacer nada. Se levantó y fue al cuarto de la princesa para ver si todo andaba bien. Hacía mucho que no tenía pesadillas y esta la asustó sobremanera.

La puerta estaba entreabierta. Entró y vio la cama vacía. Corrió al cuarto de Anfoglei y lo que vio la dejó atónita: la guerrera como siempre estaba inerte y sudorosa y el cuerpo de Ilonti flotaba a unos cincuenta centímetros del piso en donde había un círculo blanco y tres manchas negras simulando un triángulo. Asustada, quiso dar media vuelta para ir a buscar a su esposo pero algo se lo impidió.

Unas manos fuertes la sujetaron por la cintura. Allí frente a ella un hombre alto y musculoso, de ojos color marrón y alas de murciélago le sonreía, a la vez que le acomodaba el cabello.

¡No te preocupes reinita! – le dijo en tono irónico el intruso.

Sin que ella pudiera reaccionar entraron otros dos tipos llevando por la fuerza a su esposo quien a pesar de ser un gran guerrero fue tomado por sorpresa y no se pudo defender.

¿Qué es esto? ¿Cómo se atreven a irrumpir así en mi palacio?  ¿Qué quieren? – increpó alterado el monarca.

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