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Pg. 221

¿Qué? – Preguntó el príncipe.

¿Que alguien pueda entrar en las pupilas de otra persona y quedarse ahí?

Sí. Es posible – dijo él.

¿Acaso conoces a alguien que lo haya hecho? – insistió Ilonti sonriéndose.

Sí. Nació con la desdicha de ser un príncipe… con alas de murciélago – musitó él exhalando un hondo suspiro.

¿Cómo se llama ese príncipe tan desdichado? – quiso saber ella.

Su nombre es Yont-ain – afirmó él, al tiempo que se abrazaban fuertemente.

 

CONTINUAN  LAS   BATALLAS

 

Mientras tanto, en el palacio de la villa Fainzi a las tres de la tarde los guerreros volvieron al mismo lugar siguiendo el ritual del día anterior.

Kalups, desde su carruaje y acompañado de su esposa, contemplaba la escena con insolencia mientras Salups divertida jugaba con un abanico.

Esta vez el cuerno lo llevaba una muchacha morena de baja estatura y ojos grandes color miel. Ehon dio la señal y ella sopló fuerte.

Había pasado media hora y los guerreros de ambos bandos peleaban y se defendían con tanta valentía y fortaleza que Kalups se movía incómodo desde su lugar.

Tal vez si en su cerebro, pequeño de por sí, hubiera existido un poco de cordura habría terminado de una vez por todas con aquella inútil contienda.

El cielo comenzó a oscurecerse. Grises nubarrones cobijaban la villa.

El aguacero se desgajó sin piedad y los hix aprovecharon para llevarse a tres guerreros. Los contendientes esperaban que Kalups detuviera la pelea pero él permaneció inmutable mientras las frías y abundantes gotas de agua caían sobre la humanidad de aquellos valientes.

Al cabo de dos horas, cuando Kalups estaba satisfecho, la muchacha que llevaba el cuerno, quien se había resguardado al lado de los supremos, dio la señal que indicaba el fin de la batalla.

A los pocos minutos la lluvia cesó.

Los heridos fueron más que el día anterior y también había cuatro Falgorat muertos  y tres de los adversarios.

La sangre y la lluvia se mezclaron haciendo charcos en lo que antes era césped. Todos estaban exhaustos y empapados pero aun así debían ayudar a los que estaban heridos.

Anfoglei y Scioranfes tenían múltiples heridas en brazos y piernas. Fairnit había sufrido una cortada en la espalda y otra en la cabeza por lo tanto estaba inconsciente. El señor Ztziermina también maltrecho y cubierto el rostro de sangre de otros heridos fue a auxiliarla. Pob ayudó a aplicarles los aceites curativos a sus compañeros entre los cuales había algunos con heridas graves, incluyendo a Ehon que también estaba desmayado pues había recibido un fuerte golpe por parte de Scioranfes.

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