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Scioranfes no se interesó más en el asunto. Cargó a Snatchi en su hombro y se encaminó hacia el palacio seguido de los demás.

 

EL  REINO  DE LOS  GRANTALLS

 

Al llegar a Nevair, Yont-ain e Ilonti se sintieron regocijados al contemplar el extenso territorio habitado por los Grantalls (elefantes y mamuts), los cuales convivían en paz y armonía, desde que los humanos dejaron de cazarlos y utilizar sus colmillos como adornos, o también para convertirlos en polvo y mezclarlo con otras sustancias para hacer medicamentos, cosméticos y medicinas.

Era una costumbre entre hombres y mujeres que se preparaban para ser guerreros, pues tenían la creencia de que los colmillos les daban más fuerza y vitalidad. Aquello se hacía clandestinamente debido a que la caza de los paquidermos estaba prohibida, pero aun así, la población de los mismos llegó a mermarse tanto que los gobernantes tomaron drásticas medidas para evitar su extinción.

Es por eso que se les confinó en aquel lugar y desde entonces se les protege como al resto de animales de Nebruska.

Los príncipes sobrevolaban una alta montaña.  Al pie de la misma se divisaban extensos valles, ríos, laderas, bosques y por supuesto elefantes y mamuts.

A Nevair no podía entrar ningún humano, pues las leyes protectoras de animales eran claras y contundentes, además quien se atreviera a invadir aquel lugar corría el riesgo de ser atacado por los animales, por eso los príncipes debían tener las precauciones necesarias para encontrar al jefe de los Grantalls y poder entrar sin ser atacados. Por eso utilizarían el mensaje que Kalirna había enviado. Le pidieron al ave que los dejara cerca de una de las entradas del parque, también le dijeron que se quedara algunos días para cuando Tokea viniera con buenas noticias.

Los tres caminaron sigilosamente hacia una puerta semioculta entre los matorrales, la cual medía veinte metros de alto, lo mismo que la vegetación. Allí se encontraban catleyas gigantescas de variados colores, helechos azules, bambúes amarillos y rosados y pinos blancos.

El ancho de la puerta era de cinco metros y solo se veía el arco de cristal aguamarina. El resto de la puerta era invisible. Al estar junto a ella, los príncipes no sabían cómo abrirla.

He oído que si tocamos la parte invisible, la puerta se abrirá – dijo Yont-ain.

Los Grantalls creerán que somos intrusos – replicó Ilonti – saldrán en estampida y nos aplastarán.

En ese caso será fácil entrar – dijo el príncipe esbozando una sonrisa – nos hacemos a un lado. En cuanto salga el último entramos y nos escondemos.

Es una mala idea – comentó Ilonti, sabiendo que era una broma lo que decía Yont-ain.

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