Leído 96 veces

Pg. 189

Lo mejor es que no busquemos a Yont-ain – dijo resignado – le enseñé a mi hijo que cuando tome alguna decisión trascendental, no dé un paso atrás y eso es lo que hará.

Pronunció aquellas palabras como si de un momento a otro su hijo ya no le importara, como si todo el amor que le profesaba se hubiera esfumado.

Mi hijo es tan terco como yo – agregó.

Como usted diga, señor – dijo Ehon – su hijo está arriesgando la vida al escapar y exponerse.

Bien, general – añadió – nos iremos a Zajliyan en las máquinas voladoras de los Imai.

El supremo ordenó a Ehon traer a los padres de Ilonti para llevarlos a Zajliyan y reunió a todos los soldados para que volaran hacia su país.

 

UN  VIAJE  ARRIESGADO

 

Aquella fría madrugada, Mixnive y Yont-ain recorrían un estrecho camino. Las primeras luces de la alborada comenzaban a saludar el nuevo día. El monótono canturreo de las avecillas hizo que la nostalgia aflorara en el joven espíritu de un príncipe sin rumbo, preocupado por la suerte de Ilonti y su amigo Verniva, por sus padres biológicos, por la muerte de los monarcas de Zajliyan y por lo que sería del mundo de ahora en adelante cuando la opresión y la tiranía se apoderaban de él.  Todo esto daba vueltas en la mente de Yont-ain, quien además se sentía responsable de alguna forma al no tener la valentía de enfrentar a su padre. Aunque a sus 17 años no tenía la fuerza física necesaria para someterlo, ya que Kalups era un hombre corpulento con sus bíceps bien formados. Con la ayuda de Ehon y otros soldados lo hubiesen sometido. Eso acarrearía problemas de índole moral para el príncipe, ya que su padre habría sido sometido a un juicio ante los gobernantes de otros países, quienes lo enviarían al exilio, condenándolo a prisión perpetua en alguna oscura torre y en el peor de los casos cortarían su cabeza. Yont-ain amaba mucho a su padre, aunque en este invernal momento de su corta vida no sabía quién estaba en primer lugar: su padre, su patria, la estabilidad del mundo, o su princesa Ilonti.

La nieve caía sobre los valles, comarcas y montañas, augurando un frío recorrido hacia un incierto destino.

Por ahora, su mente estaba en Nevair donde la princesa lo esperaba. Allí se quedarían un tiempo hasta que amainara el vendaval.

Aunque, también le preocupaba que mixnive ya no pudiera avanzar debido al intenso frío. Que sus patas se congelaran y muriera de hipotermia. Recordó la poción que el general le recomendó para ahuyentar a los hix. Se la untó a su caballo y también él.   Continuaron su camino hasta bien entrada la mañana. Hasta ahora no se habían encontrado con ningún buitre blanco, pero lo más probable era que en cualquier momento se aparecerían en su camino.

Facebook Comments

+ -
×