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Pg. 182

No lo creo – intervino Morlaino – el mundo no soportaría otro tirano como ese.

Era una broma, amigo búho  – se disculpó Artina.

Mi nombre es Tokea – dijo el búho extendiendo el ala. Artina extendió su mano también.

UN   PRINCIPE   DESDICHADO

Yont-ain observaba las sombras a través de la ventana y reflexionaba sobre su siguiente paso después del fallido intento por convencer a su padre. Su cabeza estaba hecha un mar de dudas. Se sentía asfixiado allí adentro, así que salió a dar un respiro. Caminó por los pasillos silenciosos, alumbrados por tenues luces blanquecinas. Unos pasos lo hicieron detenerse.

Es una sombría noche – susurró Ehon acercándose tambaleante.

Más sombría debe ser para alguien que se toma dos botellas de vino en menos de media hora – repuso Yont-ain disimulando el fastidio que le producía ver al general en aquel estado tan deplorable.

Discúlpeme señor – dijo Ehon acomodándose su casaca y su cabello – el vino me calma los nervios.

Veo que la conversación con su padre no obtuvo buenos resultados – continuó mientras caminaban hacia las afueras del palacio.

Así es – musitó Yont-ain con gesto ensombrecido.

¿Qué hará ahora? – Preguntó Ehon.

No lo sé – musitó el príncipe – amo a mi padre, pero nunca seré como él.

Se sentaron en una de las muchas sillas que había en el jardín.

¿La ama mucho? – Preguntó Ehon vagamente.

Yont-ain lo miró extrañado.

¿A quién? ¿De qué está hablando? – Preguntó.

A la princesa Ilonti – acentuó el fornido militar rascándose la nariz.

Yont-ain, aunque consternado, trató de estar lo más aplomado posible.

¿Cómo lo sabe? – preguntó mirando hacia el cielo.

Hay pocas cosas que no sé, hijo mío – recalcó locuazmente el general, sin que en el tono firme de su voz, hubiese algún indicio de haber estado embriagado.

El príncipe se quedó mirando fijamente a su interlocutor, luego con gesto inexpresivo declaró:

Mi padre no cambiará de opinión ¿verdad general?

Ehon volvió a hablar haciéndolo con una inusual ternura.

Si amas a la princesa, ve tras ella y protégela – comenzó a decir – los guerreros no demorarán. Habrá una batalla, quizás muchas. Si te quedas, morirás al igual que todos nosotros. Posiblemente tu padre sea hecho prisionero o muerto – concluyó con gesto apacible y resignado.

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