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Se encontraba ocupando un lugar que no le pertenecía. Un lugar maravilloso cuya dueña era ahora la dueña de su corazón. ¿Dónde estaría? Soportando el frío, mientras, él se resguardaba de la tempestad en el palacio de ella. Suspiró largamente, acercándose a los ventanales y observando a Xalur.

¡Con el fiel Verniva estará a salvo! – le dijo a su corazón para tranquilizarlo.

De sobra sabía que su padre no cambiaría de idea y tampoco él estaría de su lado.

 

LA   FORTALEZA  Y  LOS  ANTEPASADOS

 

Al día siguiente, muy temprano, Ilonti continuó su camino. La nieve ya había subido mucho, así que para el caballo era complicado desplazarse. La nieve caía abundantemente como nunca la había visto la princesa.

Cabizbaja y cansada, no sabía hacia dónde se dirigía. A todos lados donde miraba solo veía nieve. Blancos y delicados copos caían suavemente en el suelo, en los árboles, en la gris y larga cabellera del caballo de Verniva, en la frustrada anatomía de una princesa de quince años que se encontraba lejos de su palacio, de sus padres y de un príncipe con alas iridiscentes, que ahora mantenía su corazón palpitando con más fuerza que antes, cuando el amor era un ente lejano, misterioso y desconocido para ella.

¿Alguna vez te has enamorado, Odinix? – preguntó, dejando que el caballo fuera a donde quisiera. Tal vez la intuición del animal era mejor y la llevaría a un lugar seguro.

Quizás – dijo la orquídea.

¿Quizás? – preguntó ella extrañada con la respuesta.

Mis antepasados nacieron y crecieron en Xalur, en una inmensa pradera llena de flores como yo; luego, fueron llevados a un laboratorio y les infundieron un espíritu más evolucionado. Estuvieron tres mil días con sus noches aprendiendo sobre los humanos.

No te he preguntado sobre tu origen – interrumpió ella – te pregunté si te has enamorado.

A eso voy princesa – dijo la flor – los trajeron a Nebruska con otros millones de seres o tilouil como yo, también de otras especies de flores, viajando en una inmensa bola de cristal…

De eso hace milenios – interrumpió la princesa – y no era una bola de cristal, era una astronave.

Sí, claro, llegaron aquí cuando comenzaban a organizarse las primeras civilizaciones – corroboró Odinix.

Las semillas de nuestros padres fueron sembradas aquí, y es así como nací hace veinte años y esperé, encerrada en un jardín para encontrar una familia. Tú naciste cinco años después y tus padres me llevaron al palacio Orzion para entretenerte.

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