Leído 130 veces

Pg. 149

a devastar las riquezas naturales y someter bajo sus filosas espadas a todo el mundo.

Claro – dijo Odinix – es cierto que nuestro territorio es inmenso y las montañas de diamante superan las diez mil, pero los invasores se empeñaron en taladrar la que está más cerca al palacio, precisamente, es la montaña que nuestros monarcas, tus padres, abuelos y tatarabuelos, tenían como un talismán protector del palacio Orzion. Esos Falgorat son como plagas – repuso la princesa – como casi todo lo que tiene alas.

 

PERSIGUIENDO  AL  DESTINO

 

Yont-ain y Verniva llegaron a la Ranglaat. El príncipe se encargó de dirigir la operación de búsqueda. Era el único día que podían hacerlo, pues los hix comenzarían a salir al día siguiente y nadie iba a arriesgarse para ser su comida. Estaban disponibles cincuenta soldados, los cuales Yont-ain distribuyó en tres grupos, asignándoles a unos las llanuras, a otros los bosques y él se fue hacia las montañas con otro grupo.

Dos horas más tarde, llegó Ehon furioso y sudoroso a la torre, con otros cuarenta soldados para buscar a la princesa.

Zoa, quien lo esperaba impaciente no podía ocultar su nerviosismo y frustración.

¿Cómo es que ocurren estas cosas?  – Amonestó el general sin bajarse de su caballo. ¿Cómo es que esa niña pudo escapar y ustedes no darse cuenta? Si esa princesa no aparece, haré que les corten las alas a todos – aseveró Ehon malhumorado.

No se preocupe general, mis soldados la van a encontrar. No debe estar muy lejos – declaró Zoa.

¿Sus soldados, dirigente? ¡Sus soldados son unos irresponsables, mediocres y negligentes! – Espetó Ehon.

Zoa sintió deseos de darle una bofetada al general.

¡La encontraremos, viva o muerta! – Zoa pronunció aquellas palabras no muy seguro. En el fondo sabía que si la princesa había tenido la osadía de escapar, iba a ser muy difícil encontrarla.

Tal vez el príncipe Yont-ain la pueda encontrar – se atrevió a decir.

Ehon lo miró extrañado. La característica frialdad de su rostro se tornó más indolente aún.

¿Qué está diciendo? – Preguntó el general bajando del caballo y acercándose al dirigente con gesto desafiante.

Zoa trató de disimular sus nervios, clavando su espada en el suelo y apretándola con tanta fuerza que sus venas se tensionaron.

El señor príncipe también la está buscando – dijo, evitando encontrarse con la mirada del general.

Facebook Comments

+ -
×