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Seguro soñaste que te perseguían esos murciélagos – murmuró Odinix.

Así es. Esperemos que no sea un sueño profético – musitó preocupada la princesa.

Aquella eterna noche, Ilonti durmió muy poco, pero no volvió a soñar con Yont-ain.

En el palacio Orzion, las cosas seguían marchando al ritmo de los Falgorat. En la planta de recolección de diamantes, los trabajadores de Trimeka continuaban sumisos y callados. Por ahora nadie quería sublevarse. Malorfid, el duende espía, los mantenía al tanto del paradero de Anfoglei, instándolos a obedecer a los invasores hasta cuando llegara el momento de recuperar el palacio y liberar a los monarcas. Los mineros ya estaban cansados de las humillaciones de los Falgorat y cada día hacían lo posible por extraer menos diamantes de la montaña. Había una creencia entre ellos. Pensaban que la montaña tenía espíritu y en cualquier momento tomaría represalias contra quienes la maltrataban usurpándole su riqueza. Afortunadamente las demás montañas diamantinas de Trimeka, estaban a salvo, por eso los guerreros debían apresurarse o Kalups la emprendería contra ellas también.

La campaña del supremo Kalups en el sur había sido más que exitosa. Los monarcas de Zaj-orkal se sometieron mansamente a sus condiciones, por miedo a ser prisioneros y despojados de sus investiduras reales, así que todas las esmeraldas irían a Zajliyan sin que los Falgorat pagaran una sola moneda de oro por ellas.

Lo que Kalups deseaba era apoderarse de las riquezas de todas las naciones, así fuera por la fuerza o por el medio que él considerara necesario, y las montañas verdes del norte de Zaj-orkal compuestas únicamente de esmeraldas, serían taladradas sin piedad, al igual que la diamantina montaña de Trimeka.

 

EN BUSCA DE LA LIBERTAD

 

Artalí, Verniva y Yont-ain, se encontraban en las caballerizas, aprovechando que Ehon no se había levantado y eran las cinco de la madrugada.

No me parece un buen plan – dijo Artalí sin ocultar su nerviosismo.

Es verdad, señor príncipe – intervino Verniva – nosotros tres no podemos liberar a la princesa.

Estaban sentados a la sombra de un frondoso árbol, envueltos en sus gruesas capas hechas de lana de ciervo blanco. Lo más abrigado que se usaba en la estación fría.

Pero si el plan es perfecto – exclamó Yont-ain – lo único que ustedes harán es distraer a los guardias mientras yo libero a la princesa. Será esta misma noche – continuó  mientras le quitaba la diadema de la cabeza a Artalí y la observaba curioso.

No podemos esperar a que vuelva mi padre y las cosas se pongan peor – aseveró.

¿Se enfrentará al supremo Kalups? señor – preguntó Artalí – ¿lo hará por la princesa?

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