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¡Moriréis! – exclamó mirando la luna azul y haciéndole una reverencia.

Gracias, poderosa Xtalo (reina) por despertarnos de nuevo y brindarnos este banquete. Estos humanos serán la ofrenda a vuestra belleza.

Perdonadnos, pero nuestro mundo se encuentra en peligro   – dijo Scioranfes.

¡Callad! – Exclamó Soir-mo – vuestras cabezas serán nuestras ofrendas al todopoderoso Ixnofa.

Ornola también quiso disculparse, pero ya era tarde. Al dar un paso adelante, se quedó paralizado al igual que Anfoglei, Scioranfes, y así uno a uno, quedaron como estatuas; unos blandiendo las espadas, otros intentando correr, algunos que se habían arrodillado se quedaron así; uno de los Falgorat le lanzó su daga a la serpiente y ella le escupió fuego dejándolo incinerado. La daga también se quedó paralizada a mitad de camino.

¡Xnat-facl-lartn! ¡Gloria a Ixnofa! Gritaron las criaturas al unísono.

 

EL  ESCAPE

 

Faltaban cuatro días para que comenzara el invierno en Trimeka y en otras regiones aledañas, por eso, todo el mundo se preparaba para tal acontecimiento. El fenómeno  se presentaba dos veces al año y según los meteorólogos, se producía por el invierno boreal en Xalur. La nieve caería sin cesar en toda la región, pero nadie sabía cuánto duraría. Podrían ser pocos días o muchos meses.

Generalmente, cuando llegaba la estación fría, las personas debían quedarse en sus casas resguardándose de las inclementes temperaturas. Los habitantes del continente sabían que en esa época no podían salir, porque la nieve cubría totalmente los campos y ciudades, quedando todo impregnado de hermosa blancura. Nadie podía ir al campo a trabajar ni a realizar ninguna otra actividad ya que se corría el riesgo de morir congelado, enterrado en la nieve que subía hasta dos metros, o lo que era peor aún, ser devorado por los hix (aves blancas de tamaño descomunal que salían hambrientas a comer personas y animales, después de haber hibernado muchos meses); para las aves era el tiempo de alimentarse, llegando de sus cuevas ubicadas en los montes Herpatiz y en otros lugares de la villa. Estas temibles aves se parecían a los cuervos, pero su tamaño era el doble de un pterodáctilo. Eran temidas en Trimeka y en todo el continente, donde cada año cobraban decenas de víctimas.

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