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No me quedaré aquí, esperando a que vuelva – le dijo a Odinix – tal vez ya está muerta, o prisionera en esta torre.

La princesa comía sin mucho apetito los últimos granos de zie guisado con aceite y zanahorias cocidas al vapor. Odinix tuvo que recurrir a la dieta de su loenib, en vista de que ya se había comido todas las arañas y telarañas de la celda.

Me gustan mucho las zanahorias – comentó, aplastando sus pétalos en el plato de barro, para terminar la pequeña porción que Ilonti le dejaba – creo que seré vegetariana.

Claro, con tal que no sigas matando a las pobres arañas – repuso Ilonti.

Mantengo el equilibrio en la población arácnida. Es una de las especies que más rápido se reproduce. Para eso fuimos creados los tilouil (flores-mascotas) ¿recuerdas loenib?

Así es – musitó la princesa – los Xalur hicieron a los tilouil para que comieran arañas e insectos, los cuales eran muy dañinos y amenazaban el equilibrio de Nebruska; también para ser la compañía de los niños – acentuó.

Por eso somos indispensables en el planeta – dijo la flor irguiéndose.

Ya lo creo que lo eres – corroboró la princesa, al tiempo que exhalaba un suspiro.

Esos suspirillos me están preocupando desde ayer – musitó la orquídea, haciéndole cosquillas en el cuello a la princesa. No sé por qué te he notado tan pensativa… tan distante – afirmó.

No es nada – dijo Ilonti – lo mismo que me sucede todos los días. Quiero salir de aquí y acabar con esos Falgorat.

¡Ah sí!  No creo que quieras acabar con el que vino ayer – murmuró Odinix – es el que te mantiene suspirando ¿verdad?

La princesa puso el plato en el piso.

¿Qué cosas dices oix? ¿Acaso crees que me fijaría en uno de esos “murciélagos”?

Desde aquí puedo oír los latidos de tu corazón… late tan fuerte que creo que se va a salir de ahí – recalcó la orquídea.

Oye, no exageres – dijo la princesa tomándola por el tallo.

¡La princesa está enamorada, ja, ja, ja! – Clamaba Odinix – ¡Está enamorada de un murciélago muy bonito!

Ilonti la apretujó.

¡Ay! Me duele – chilló la orquídea.

Deja de decir tonterías y más bien concéntrate en nuestro plan. No hemos considerado qué hacer si algo falla – susurró – además, tú sabes que un Trim y un Falgorat no se pueden enamorar – musitó.

Ilonti hablaba bajito, al tiempo que se hacía la larga trenza, para disponerse a dormir.

Tienes razón, loenib, no hemos planeado el plan B. – dijo Odinix.

No se dice planear el plan – Corrigió Ilonti.

Entonces ¿cómo se dice? – Preguntó Odinix.

La princesa se quedó pensativa.

Mejor descansemos. Debemos reunir fuerzas para el gran día –  comentó.

Se arropó con la única manta que le habían dejado los Falgorat. La mayoría de veces el intenso frío no la dejaba dormir. Solo se quedaba ahí, quietecita, haciendo planes

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