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Pg. 123

Los cuatro jinetes, al ver al príncipe aminoraron la marcha. Ehon se alegró y no podía disimular su preocupación por encontrar al príncipe tan lejos de palacio.

¡Hola general! –  ¿durmió bien? –  Preguntó Yont-ain sonriente.

Señor príncipe – ¿qué hace tan lejos de palacio? – Musitó avergonzado – ¿Se encuentra bien?

Mejor que nunca – afirmó Yont-ain.

Estaba persiguiendo una manada de takines, pero no pude lograrlo; son animales muy veloces – recalcó.

Sí, vimos las huellas – repuso el general.

¿No vio nada más por aquí, señor? – preguntó Ehon con una escrutadora mirada.

No, general – declaró Yont-ain – ¿acaso hay algo más para ver en estos intrincados parajes? – preguntó.

No, señor – aseveró el general – solo papagayos, venados, iguanas y manadas de bestias salvajes que van al sur en busca de alimento.

Lo ve general – dijo el príncipe acariciando a mixnive para que reanudara la marcha – no sé por qué se empeña en que yo no vaya más allá del bosque manijiranokair (gotas de nube).

Ehon continuó cabalgando al lado del príncipe.

Es raro que no haya encontrado salteadores de caminos. Pululan por doquier – afirmó.

Aunque en realidad lo que quería, era hacer que el príncipe le dijera algo más.

Bueno, si me hubiese encontrado con alguien, supongo que no me habría hecho daño – dijo el príncipe señalando el broche que llevaba en su capa, el cual tenía el signo de Zajliyan y de su rango. Un águila de plata.

No represento ninguna amenaza para nadie en esta hermosa nación, a menos que fuésemos unos invasores – añadió perspicazmente – por suerte no lo somos ¿verdad general? – comentó observando a Ehon quien jugaba con su trenza, enrollándola y desenrollándola en sus dedos.

Es cierto, señor – musitó el general – no somos invasores. Solo estamos aquí por negocios. De todas maneras, no ande por ahí solo. Usted es joven y es un príncipe. No sabemos si alguien quiere hacerle daño.

No volverá a suceder – afirmó Yont-ain encogiéndose de hombros.

Ehon había llevado dos grupos más de soldados, asignándose un punto de encuentro. Al reunirse todos allí, volvieron al palacio.

 

DENTRO DE LA PRISIÓN DEL CORAZÓN

 

Los días en la celda pasaban monótonos y lentos para Ilonti y Anfoglei no daba señales de ir a rescatarla.

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