Leído 420 veces

Pg.1

Ayer, mientras meditaba bajo la sombra de un milenario árbol, un búho anciano – lo supe por el tono de su voz – me relató esta interesante historia:

Sucedió hace mucho tiempo en un lejano planeta, cuyos habitantes denominaban Nebruska. El segundo planeta de un sistema solar ubicado en la galaxia Nakastaf (sombra blanca).

Más allá de las estepas azules, cobijada por los montes Herpátiz, cuya altura llegaba a los 12.000 metros, siendo los más altos y blancos de Nebruska, se encontraba la nación de Zajliyan, cuya capital era la Villa Fainzi, donde estaba situado el palacio Ordey y desde donde los monarcas Xilenni y Solancsai gobernaban a su pueblo.

Los habitantes de aquel próspero país eran los Falgorat, seres humanos con una característica distinta a los demás habitantes del planeta, pues poseían alas de murciélago. Eran comerciantes de piedras preciosas las cuales abundaban en los dos continentes y se utilizaban principalmente para la construcción de palacios y para adornarse tanto hombres como mujeres. En Zajliyan se encontraban en grandes cantidades la plata, el oro y los rubíes. Los diamantes y las esmeraldas eran escasos, así que se intercambiaban en otros países por el oro y la plata.

El monarca Solancsai y su esposa la reina Xilenni, eran amados y respetados por los habitantes de la nación. Durante diez años habían estado al frente de su reino, convirtiéndolo en uno de los más prósperos, por eso eran un ejemplo a seguir por sus vecinos. En Zajliyan todo el mundo tenía igualdad de condiciones y nadie se quejaba de que le faltara alguna cosa.

El general Kalups, hermano del monarca, era un hombre reservado y estricto pero también era su mano derecha, confiándole el monarca todos los asuntos militares. El ejército que comandaba el general era conocido por su extrema disciplina y entrenamiento, aunque en Nebruska hacía mucho tiempo no se presentaba una guerra. La última había sucedido diez años atrás y era recordada como una de las peores y la que más secuelas dejó en los habitantes del continente.

¡Mis soldados son los mejores y no voy a permitir que pierdan ni una sola medalla en las olimpiadas guerreras! – Exclamó Kalups con orgullo.

¡Los has entrenado bien! – Dijo el monarca Solancsai – de hecho has sido un poco rudo – agregó – debemos darles unos días de vacaciones, que vayan a reunirse con sus familias y regresen con energías para el gran día.

Facebook Comments

+ -
×